home office

Home office: ¿cuándo debo desconectarme?

El home office, llamado también teletrabajo, llegó y reemplazó los hábitos a los que estábamos acostumbrados dentro de nuestras empresas. Gracias a él, cambiamos nuestros escritorios por el comedor, las oficinas por nuestra sala, el café con los compañeros se convirtió en las onces con la familia, y los horarios de 7 a 5 se volvieron en intensas jornadas que parecieran no tuvieran fin.

Y es que con home office ganamos todos, pero también perdimos.

Triunfamos cuando seguimos con nuestro trabajo en un momento donde la economía se vio paralizada y aunque muchos tuvieron que cerrar, vencimos cuando muchos seguimos en casa disfrutando del espacio por el que tanto hemos trabajado en compañía de la familia y generando ingresos.

Pero perdimos cuando le abrimos la puerta al home office y lo dejamos instalarse en toda la casa. Sin ponerle límites de espacio ni tiempo, sacrificando nuestra vida personal y hasta nuestra intimidad.

TE PUEDE INTERESAR: TELETRABAJO: ¿CÓMO QUEDA LA JORNADA LABORAL?

Sin darnos cuenta, compensamos el hecho de no estar en la oficina con pasar muchas más horas de lo habitual delante del computador; los límites que nos imponían nuestras oficinas se borraron, y con ellos nuestra capacidad de desconectarnos del home office.

Trabajar bien, desconectarse también

El hecho de trabajar sin límites es contraproducente y termina por afectar nuestras capacidades laborales e incluso nuestra salud.  Por lo tanto, es importante que definamos una rutina saludable de trabajo que también nos permita desconectarnos.

Para ello, te recomendamos algunos consejos:

  • Organizar el trabajo por objetivos y semanas: Las tareas largas y complejas pueden ser frustrantes y evitaremos terminarlas. Por esto es importante dividirla en pequeños objetivos, ya que no solo veremos los retos con más facilidad. Sino que podremos organizar las tareas dentro de un tiempo determinado y darnos un plazo para terminarlas.
  • Poner límites a la jornada laboral: Trabajar continuamente hasta tarde en la noche e incluso los días no laborales no habla de una actitud productiva sino de una posible falta de organización con el trabajo. Por el contrario, un buen trabajador es aquella persona que define unos objetivos en unos tiempos determinados y los cumple.
  • Involucrar a la familia: Ya que la oficina se mudó para la casa, es importante reconocer que la dinámica familiar va a cambiar. Pero eso no tiene que ser malo, sino todo lo contrario: proponte pausas activas y participa con tu familia en pequeñas actividades. Pueden hacer juntos pequeños ejercicios para liberar el estrés, tomar onces juntos y hasta subir todas las escaleras del edificio para quienes viven en apartamentos.
  • Ser profesional en casa:  El hecho de pasar tanto tiempo en casa puede hacer que nos olvidemos de pequeñas rutinas que activan el botón de productividad en nuestra mente. Por ejemplo, alistarnos y vestirnos bien para trabajar, organizar nuestro espacio de trabajo y comenzar la jornada desde temprano. Son estas pequeñas acciones que nos permitirán sacar el máximo provecho al home office.