Contadores

Opinión #ConLosDosOjos: Contaduría Pública, una historia sobre la luz

Por: Don Camilo.

 

 

 

 

 

Relato inspirado en la historia de una mujer hecha a pulso y cuyo esfuerzo y dedicación la llevaron a cumplir un sueño, sin atajos ni actuaciones indebidas y atendiendo al misterioso llamado de un viejo despertador…

 

 

Como si se tratase de un volador decembrino, el sonido del viejo despertador de cuerda de su abuela estremece su casa cada mañana en punto de las 4 y contrario a lo que pueda pensarse ese no es precisamente el enemigo a vencer en el día a día de esta luchadora de la vida.

 

Fanny no ha tenido una vida fácil, hija de desplazados por la violencia y huérfana debido al conflicto que por años ha aquejado a Colombia, conserva con recelo y a la vez con mucho sentimiento un viejo despertador, el mismo que cada mañana le recuerda que debe ir a ayudar a todos aquellos que han depositado su confianza y el control de su patrimonio en ella.

 

Cuando era apenas una joven que saltaba de la niñez a la adolescencia sintió hambre y pudo haber hecho uso de su atractivo físico como mecanismo de sustento pero como si se tratase de la fiera voz orientadora de su abuela, aquel viejo despertador en punto de las 4 de la mañana borraba de su mente cualquier vestigio de debilidad y le indicaba al oído con gran escándalo que la vida tenía algo grande para ella y que tan solo tenía que esperar y luchar de otras maneras.

 

La orfandad llegó y entonces el hambre le dio a entender que si compraba una bolsa con 100 dulces en el centro de la ciudad y lo vendía de la misma manera, tendría una rentabilidad inferior a la que lograría gracias a una venta pormenorizada del contenido de la bolsa, la cual se acercaba incluso al 100% del costo.   Y no solamente fueron dulces, también sucedió con fruta y con las naranjas que con un poco más de esfuerzo y tras un par de años de dedicación y organización financiera ya vendía en vasos de jugo en una de las más concurridas esquinas universitarias del centro de la ciudad.

 

Inconforme con solamente haber validado su bachillerato, exprimió naranjas en el día y estudió en la noche en una de aquellas universidades que brindan la oportunidad a muchas personas de acceder a la educación superior a precios razonables, una de esas universidades que gracias a que logran disminuir el número de solicitudes crediticias en el ICETEX y por ende las sillas ocupadas en las universidades tradicionales, son tildadas como de garaje, pero allí estaba Fanny para demostrar que el garaje puede albergar tanto autos dañados como flamantes autos de alta gama.

 

En medio de lágrimas, la protagonista de la historia recuerda que tuvo grandes dificultades para aprobar cálculo matricial, comprensión de lectura y redacción; esta última materia considerada como una “costura” por muchos de sus compañeros que hoy en día trabajan para ella y a quienes no se cansa de corregirles sus reiterativos errores de ortografía; -¡Es que tener mala ortografía es peor que andar con mal aliento!- exclama Fanny sonriendo mientras retira la lágrima que descendía sobre su blanca piel de durazno.

 

Pregunté entonces: ¿Porqué dar el salto del zumo de naranja a la Contaduría Pública?.

 

-No hubo realmente un salto, la Contaduría Pública siempre estuvo en mi vida desde muy niña, desde que logré comprender que la mayoría de cosas eran susceptibles de ser medidas y porque a lo largo de mi vida muchas personas me ayudaron a no caer en otros caminos, personas que ahora he logrado ayudar con mis conocimientos y que me han ayudado a entender que lo más bonito que tiene esta profesión es el poder ayudar a otros y brindarles tranquilidad- Respondió Fanny.

Dialogar con Fanny me ha dado grandes herramientas para la escritura de reflexiones, porque quizá el inmediatismo y la desconfianza en sí mismo sea lo que separe a las personas de sacar avante su propio emprendimiento, en el caso de Fanny su propia oficina de Contadores Públicos donde más allá de los evidentes y necesarios márgenes que hacen posible la sostenibilidad del negocio, está la tranquilidad del cliente… es como si no se hubiese conformado con vender zapatos (ejemplo), sino que se dedicó a diseñar unos de alta calidad que le brindan la tranquilidad al comprador de tener un calzado durable.

 

Como Fanny, muchos colegas hacen país de manera anónima día tras día y hacen honor al buen ejemplo, porque no se trata solamente de dar ejemplo sino de dar uno bueno.

 

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